El inmobiliario ya no puede permitirse tratar la sostenibilidad como un complemento. Hoy condiciona la financiación, anticipa la obsolescencia y redefine el valor de los activos. La regulación europea y la presión del capital han desplazado el foco: del cumplimiento formal a la gestión estratégica del riesgo, del diseño puntual al análisis del ciclo completo de vida del edificio.